Diagnóstico de la infección meningocócica

Autor: Alexey Portnov, médico de familia
Fecha de creación: 23.05.2011
Última revisión: 12.07.2025

En casos típicos, el diagnóstico de la infección meningocócica es sencillo. Esta se caracteriza por un inicio agudo, fiebre alta, cefalea, vómitos, hiperestesia, síntomas de irritación meníngea y una erupción estrellada hemorrágica.

La punción lumbar es crucial para diagnosticar la meningitis meningocócica. Sin embargo, el líquido puede ser transparente o ligeramente opalescente, con una pleocitosis de 50 a 200 células, con predominio de linfocitos. Estas son las denominadas formas serosas de la meningitis meningocócica, que suelen presentarse cuando el tratamiento se inicia precozmente. En estos casos, la terapia antibiótica interrumpe el proceso en la fase serosa.

Las pruebas más importantes son el examen bacteriológico del líquido cefalorraquídeo y el frotis sanguíneo (frotis grueso) para detectar la presencia de meningococos. Entre los métodos serológicos, los más sensibles son la RPGA y la contrainmunoelectroosmoforesis. Estas pruebas son altamente sensibles y pueden detectar trazas de anticuerpos específicos y concentraciones mínimas de toxina meningocócica en la sangre de los pacientes.

Diagnóstico diferencial de la infección meningocócica

La infección meningocócica, que se presenta como meningococemia, debe diferenciarse de las enfermedades infecciosas acompañadas de erupción cutánea (sarampión, escarlatina, yersiniosis), vasculitis hemorrágica, sepsis, afecciones trombopénicas, etc.

Las formas de la enfermedad con daño al sistema nervioso central se diferencian de la gripe tóxica, otras infecciones virales respiratorias agudas que cursan con síntomas meníngeos y encefalíticos, así como otras enfermedades infecciosas (disentería grave, salmonelosis, fiebre tifoidea, etc.), acompañadas de síntomas meníngeos.